20 marzo, 2012

CONVIVIENDO CON UNA ASESINA

                      CONVIVIENDO CON UNA ASESINA.


Como cada noche, Julia y yo nos gusta acostarnos juntos y abrazarnos en la soledad de la noche, pero después de lo que paso  nada volvería a ser lo mismo.
-      La he matado.   Me dice entre sollozos.
-      ¿ cómo que la has matado ¿.
Intento encender la luz de la mesilla, cuando su mano agarra con firmeza mi brazo.
-      No, Juan, será mejor así.
-      ¿ Pero Julia, que ha pasado?, a quien has matado, me tienes asustadísimo.
-       A la abuela.
-      ¿ cómo que a la abuela ¿. Me levanto de un salto de la cama, mientras apoyo mi espalda contra el cabecero.
-      No había otra solución.
-      ¡ que no había otra solución ¡. ¿ Tú estás loca o que ¿.
-      Tranquilo Juan, que te va a dar algo.
-      Que me va a dar, que me va a dar, yo creo que ya me ha dado. ( Intento levantarme, cuando siento nuevamente unos dedos como garras, aferrándose a  mi brazo).  Julia, que has matado a mi madre.
-      Si pero todo ha sido por una buena acción.
-      Desde cuando matar a alguien es por una buena acción.
-      Pues desde que tu madre dijo que se marchaba para el pueblo, que ya estaba harta de aguantarnos y que no podía mas, que iba ha hacer yo dejarla marchar, tal cual, si solo tenemos su pensioncilla para ir tirando, arruinaditos estamos desde que ni yo ni tu trabajamos y encima viene ella y dice que se va.
-      Julia, pero esas cosas se hablan, y no se mata así como así tan solo por una pensioncilla, en que nos hemos convertido,  ¿ En qué te has convertido ¿.
-      En una mujer hecha y derecha que tira por su familia, lo mejor que puede, y si hay que matar se mata y ya está, no hablemos mas.
-      Que no hablemos mas, que no hablemos mas, tú estás loca, si, ¿ ahora muerta como vamos a cobrar la pensioncilla.?
-      Pues fingiremos que está viva y tan panchos, y además tu tranquilo que con el muerto cargo yo, anda dame un beso.
-      No si encima te tendré que estar agradecido, y un beso, y luego que mas, no si tendremos que celebrarlo. ( mientras una mano se deslizaba por debajo de mi calzoncillo).

                                                    CAPITULO 2


 Como si de un sueño se tratara, mi cabeza daba mil y una vuelta hasta que conseguí poner los pies en la tierra.
Olía a café, y tostaditas recién hechas, dirigiéndome somnoliento aun a la cocina, y mirándola  directamente a los ojos, mientras ella lanzaba esa mirada de ( ¿ qué es lo que te pasa, siéntate ya a tomar el cafecito ¿), se imponía a mi razón, y como cordero degollado desayune.
-      ¿ No la abras degollado?
-      Hay Juan, no seas así, después de lo de anoche, tendrás queja.
-      ¿ La has degollado o no.?
-      Juan, tomate ya las tostaditas, que se te van a quedar frías. ( Mientras,  yo creo que sin querer, limpiaba el cuchillo de cocina, debajo de un gran chorro de agua fría ( Tan helada como el resto de la casa, pues hacía tiempo que no poníamos ni la calefacción, tan solo un poquito y para dormir ). ( Nunca había sentido miedo de mi mujercita, pero después de aquello, el silencio invadió mi vida).   – Juan las tostadas.
-      Ya voy mi vida, ya voy. ( Y con más miedo que vergüenza, agache la cabeza tan solo un poquito, para comerme el desayuno de todos los días, un par de rebanaditas de pan duro, untadas con un chorrito  de aceite y azúcar.)
Parecieron horas,  el silencio de aquel eterno desayuno el cual  fue roto  por ella de repente ( Dando yo un terrible respingo en mi silla ).
-      Verdaderamente quieres saber cómo lo hice.
-      Hombre, pues si no es mucha molestia, me gustaría saber cómo has matado a mi madre.
-      Juan, no seas ahora tan hijo, si no la hacías ni puñetero caso a la pobre.
-      Si pero a fin de cuentas era mi madre.
-      Tu madre pensionista, no te olvides, pensionista, recuerda esa palabra, pensionista, que si dios quiere nos va a acompañar durante mucho tiempo.
-      Julia, que me ibas a contar como la mataste. ( dije yo con lagrimas en los ojos).
-      Qué te pasa, lloras mi amor.
-      No, es que se me ha metido algo en el ojo, pero ya me lo saco yo ( temblando por dentro no vaya a ser…),
-      Pues no fue nada del otro mundo, aunque la señora puso más fuerza de lo que en un momento pensé.
-      Pero lo pensaste y todo, no fue un momento de esos que tienes, que aquí te pillo aquí te mato.
-      Encima el señorito con cachondeo.
-      No, si muerta ya esta, si quieres no estoy subidito de tono.
-      A que no te lo cuento.
-      Cuenta, cuenta, que ya me callo.
-      Pues :

Aquella tarde ya había discutido, lo indiscutible con tu querida madre, que si el piso no estaba lo bastante limpio, que si no la cuidábamos lo bien que la cuida su hija la Mary, que si ya estaba bien de que aguantara yo a su hijo Juan, que es y será siempre un vago y ahora sin trabajo más de tres años, que de que íbamos a comer el día en que se fuera, unas palabras de lo mas desafortunadas, creo yo, pero el remate fue cuando dijo, que se iba, que ya estaba harta y se llevaba con ella su pensioncilla que podría apañárselas ella solita en el pueblo, como siempre ha hecho.
  La furia se adueño de mí y me clave las uñas para no atacarla en ese momento, ya habría oportunidad.
 Deje pasar la noche y después de que viera esa telenovela que tanto la gusta, el sueño se le echo encima y con él la muerte que tenía preparada.
-      Y encima con alevosía.
-      Que alevosía ni ni, calla, que si no, no termino.
 Como había visto en una peli, me acerque a ella, asegurándome que dormía, tú ya sabes lo mucho que ronca tu madre,  me eche encima de ella inmovilizándola todo el cuerpo con el mío encima y con una almohada le quite el poco oxigeno que le quedaba entre ronquido y ronquido,.
-      Por cierto tendrás que mirarte lo de los ronquidos, pues yo creo que es hereditario.
-      ( Sin saber lo que contestar y tragando saliva, no sé si por los ronquidos o por la ejecución de mi madre, tan solo me salió): Vale.
-      Vale,  ¿ el que vale ¿.
-      Vale y ahora que.
-      Pues ahora a cobrar la pensión el resto de su vida, pues afortunadamente era joven y hasta que nos cojan, se habrá acabado ya eso de las pensiones, y tendremos que vivir de otra manera.
-      ( En ese momento no sabía si aplaudir como los toreros, darle un par de besos por la idea, o echarle las manos al cuello y ahogarla también a ella, pues así tocábamos a mas),  ¿ y el cuerpo, donde lo has dejado?
-      Pues tumbadito en la habitación de los niños, pues desde que se fueron para que queremos nosotros tanta habitación, sino es para perder mas y mas calorías.
-      Julia, no se has exagerada, de que calorías hablas, si desde que me levanto tengo más frio que los gatos y eso que tengo más de tres jersey encima.
En la habitación de los niños, paso a verla.
-      Ni se te ocurra.
-      Hombre hasta ahí podíamos llegar.
-      No te va a gustar
-      No me va a gustar el que.
-      Lo moradita que se ha quedado, aunque yo la le limpiado, y la he dejado toda cuidadita y mimadita, si hubiera estado tan calladita siempre otro gallo nos cantaría.
-      No, si encima va ha ser culpa de mi madre el haberse ahogado ella misma y todo.
-      Pues podía haber puesto algo de su parte y comportarse como Dios manda.
-      No mezcles a Dios, pues después de esta, bastante lejos estas.
-      Bastante lejos estoy de que, de haber hecho lo que tú no haces, traer dinero a casa para poder sobrevivir.
-      ( Otra vez me había ganado, y no sería la última) Vale, vale.
-      Vale, el que vale, que no me digas vale, ya está bien.
-      ¿ Que has pensado hacer con el cuerpo?, dejarlo ahí tumbadito todo el día.
-      Seguimos con el sarcasmo, a ver si piensas algo tu listín.
-      ¿ Quien la ha matado?, tu . Pues haber que haces con el cuerpo.
-      Congelarlo.
-      Y que vas a hacer sacar las patatas, los fritos, las verduras de nuestro congelador o le vas a pedir a la loca de tu vecina que te lo guarde por trozos, Ha eso no, no se te habrá ocurrido por un momento trocearlo  ¡ Verdad!. No dime que no y deja de mirarme con esa cara,  que hasta das miedo.
-      Congelarlo, en el supercongelador de oferta que ha sacado Carrefour en la oferta de electrodomésticos y encima lo podemos pagar a plazos.
-      A plazos, que plazos, si a ti no te fía ni el tendero de abajo.
-      A mí no, pero a tu madre sí.
-      Anda que lista mi niña. ( y sin pensarlo dos veces me levante y la solté dos besos los cuales con la emoción llegaron al mismo sitio que la noche anterior, si encima va estar emociónate esto de matar y todo.)


                                              CAPITULO 3


 Subir el supercongelador, no hubo ningún problema, pero si lo hubo cuando decidimos meterlo por la puerta de la habitación de los niños, NO CABIA, por más que lo movimos de un lado para otro, era imposible, me toco tirar el muro enterito y meter el congelador por la otra habitación.
Durante la faena, alguien llamo a la puerta, quien si no, la loca de la vecina, la Mary, que venía a ver qué obra habíamos empezado y como la íbamos a pagar, ella siempre pensando en lo mismo.
Mi mujer la despidió lo mejor que pudo, pero ella no se quedo conforme y bajo nuevamente, ( yo sin querer escuchar la conversación pero esperando que no le entrara el arrebato a mi mujercita y visto lo visto). No hubo ningún problema, pero para curarme en salud ni salí ni nada.
Después de un día arduo de trabajo, ya estaba el supercongelador en el lugar  donde Julia quería,  ya solo quedaba volver a tapar el agujero y enyesar.  Eso siempre a su debido tiempo, pues uno está cansado ya de tanto faena.
-      ¿Y ahora qué?.  ( Le dije mientras contemplaba el trémulo cuerpo de la que había sido mi madre.
-      Pues para dentro
-      Y como vas a hacer lo de cobrar sin que ella esté presente.
-      Pues sin ningún problema, no te acuerdas, que te ha hecho disponente de su cuenta corriente, y el banco ya te conoce ( Para bien o para mal), pues eso a pagar los recibos de la casa por esa cuenta y lo que sobre para vivir lo mejor que podamos.
-      Esa es mi niña, (te dije yo soltándole otro beso).
Ahora lo difícil era meter el cuerpo en ese supercongelador, pues después de tres días ,  la muerta pesaba;  como dicen pesa más que un muerto, nunca mejor dicho.
-      Julia, me tienes que ayudar, que no puedo.
-      Pero si estoy con mi espalda.
-      Si estas para asesinar también tienes que estar para ayudar, creo yo.
-      Luego me tocara ir al fisio.
-      Eso será del dinero que te quede de la pensioncilla.
Con mucho esfuerzo intentamos introducir el cuerpo, pero la cosa se iba complicando pues el sitio era muy difícil de maniobrar, primero introducimos la cabeza y Julia desde el interior fue tirando lo mejor que pudo, una vez dentro el destino hizo que mi mujercita se tropezara y juntara su preciosa cara con la de la muerta, y allí se quedo.
-      ¿ cómo que allí se quedo ¿.
-      Pues si mire agente, ya es tiempo que libere mi pena:
 Una vez dentro cerré la puerta del supercongelador y apalanque la puerta con el pico de la obra, los golpes fueron intensos al principio, pero después de que volví de celebrarlo con mis amigos,  por fin el silencio reinaba en toda la casa, ya nunca escucharía los gritos impertinentes de mi madre y jamás volvería a tener miedo a que me asesinara mi querida mujercita en otro arrebato de los suyos, además la pequeña pensioncilla de mi madre,  seguro que daba para más,  con uno menos en casa.

                                                                        JOSE PEDRO   19 MARZO 2012

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