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28 septiembre, 2015

GRITO DE LIBERTAD




Al Rojo Pimiento

                                                                    Capítulo 1.

Resulta que en la huerta había nacido una triste planta de pimientos, donde el hortelano no la plantó.
Todas las mañanas la miraba el labrador y nunca encontraba el momento para poder arrancarla.
             "- Mañana mismo la quitó, que no sé qué hace ahí". Se decía cada tarde después de trabajar.
Pero aunque la planta sabía que ese no era su sitio, fue poco a poco estirándose y agarrándose a la vida.
Un tímido riachuelo (que no era nada más que un gotero mal colocado), le daba de beber y el agujero que habían formado las antiguas hormigas, hicieron una tierra esponjosa donde poder estirarse para poder poco a poco tocar el cielo. (Estas habían desaparecido un buen día, gracias a que la dueña de la casa “le molestaban porque eran demasiado grandes”  y con un portentoso veneno las aniquilo a todas).
Pasaron los días y el hortelano no encontraba el momento de arrancarla y lo que es más importante, su cabeza aceptó que aquella plantita estaba ahí y ya está; ese sería su sitio y ¡si crecía, crecía!,  Él no estaba para perder su precioso tiempo de esa manera y menos por una simple planta de pimientos.
 Pasaron las Lunas,  como también pasaron los Soles y nuestra pequeña plantita se hizo grande y hermosa; tanto, tanto, que era la envidia de todo el huerto, sobre todo de sus hermanas las pimienteras, que aunque vivían sólo dos surcos más abajo, alimentadas debidamente, regadas con esmero y con los cuidados de nuestro querido hortelano, (sonriente que iba así, todas las mañanas a cuidar su queridísimo  huerto creyéndose  el Dios creador de todo aquello).
 Pasó el tiempo y vino el momento de la caló y de los insectos que tanto les gustan los huertos bien cuidados.
El pobre hortelano se deshacía en cuidados con sus plantas ( para algo era su Dios ), pero los terribles gusanos amantes  de los pimientos, no entienden de Deidades ni de Huertas bien cuidadas y  preparadas, así que una a una las fueron invadiendo, metiéndose entre sus entrañas y devorando todo a su paso.
Nuestra plantita rebelde, vio con cara triste como poco a poco iban perdiendo su alegría y aunque algunas sobrevivían a duras penas, sus hojas se iban arrugando y sus hijos, los pequeños pimientos caían de sus brazos sin poder hacer nada.
 Un buen día, el Dios hortelano se levantó muy temprano; casi, casi, cuando el primer gallo del corral acababa de cantar.
Nuestra plantita temblaba de arriba abajo, esperaba lo que tantos soles se había pensado, por fin el Dios de las plantas  le iba a arrancar de ese sitio, (ella que tan feliz estaba, con todos sus hijos a puntito de crecer y poder ver la luz del día), pero nada más lejos de la realidad, el hortelano se dirigió al surco de sus hermanas y una a una las fue arrancando, con sus raíces y la poca vida que les quedaba en sus entrañas y sus ganas de recuperarse y ponerse bien. Su Dios estaba enfadado y las mataba una a una con mucha ira y mal genio, Dios cruel y que no sabe de perdonar y esperar.
 (Nunca se podría imaginar ella, que el Dios hortelano fuera tan malo, todavía podía oír los gritos desesperados de sus hermanas, gritos que  se quedarían clavados durante  toda su vida dentro de su cabeza,  Fue horroroso).
 Ahí estaban tendidas, entre surco y surco, mientras el hortelano las pisaba una y otra vez.
"- ¿Acaso tenían ellas la culpa de que ese odioso gusano se metiera entre sus entrañas?, Si era él su Dios, ¿Acaso no podía haber prevenido antes el ataque de aquella plaga que había acabado con sus hermanas?
                   "- ¡No!, " Gritó.
 Y tal fue su grito, que hasta el mismo hortelano se dio la vuelta y miró de reojo a aquella planta intrusa (esta cerró los ojos, pensando que había llegado aquel terrible momento, en aquel instante le temblaron todas sus hojitas juntas, nunca más volvería a ver la luz del Sol).
   El hortelano se dirigió a ella por primera vez, le acarició sus ramas, examinó a todos sus hijitos y mientras a ella le temblaban  hasta la última de sus raíces.
El Dios hortelano sonrió y desapareció.
 (Si en ese preciso momento, las plantas se pudieran desmayar, ella habría perdido la consciencia, del mismo susto).
   Al momento escuchó las pisadas rudas de aquel ser  y cerró los ojos cayendo en un gran sueño.
 (Mientras se despedía  de su Sol, de su Luna de media noche, de las hormiguitas que tan sabiamente había cavado la tierra, "- ¡No puede este ser el fin se dijo! Dejando caer un poco de sabia sobre el suelo húmedo".
 A su alrededor escuchó golpes secos, la respiración se quedó entrecortada, pero después de un tiempo empezó a abrir un ojo,  no se lo podía creer,  tenía un surco, "- ¡Un surco!", para ella sola.
Miró al cielo y allí seguía su Sol, escarbó sus raíces un poquito y ahí seguía su Tierra.
"- ¡Un surco!", siguió viviendo y se sonrojó.
Por fin ese Dios que había asesinado a todas sus hermanas se había fijado en ella y la cuidaría y la regaría todas las mañanas
            (“- Claro, si no quedaba otra", se dijo con mala sangre).
 Así que ahí estaba esa plantita que nadie quería, a la que sus hermanas nunca dirigieron la palabra y a la que su mismo Dios, un día miró de reojo con ganas de arrancarla.

                                                                    Capítulo 2.

  Estirada andaba la mujer del Dios, pavoneándose delante de todas las plantas del huerto, sintiéndose satisfecha del trabajo que había realizado su marido.
  Aquí enlazaba un tomate, aquí ponía un tensor, se agachaba a arrancar alguna que otra mala hierba,  (aunque esto generalmente se lo dejaba a su queridísimo Dios).
 De repente dentro de su infinita vanidad, se dio cuenta de que no había plantas de pimientos.
  Después de armar la marimorena y de gritar a pleno pulmón, a su padre y a todo el Mundo en general, por fin entró en razones y sus ojos se clavaron en la única planta que se había salvado del ataque del gusano loco.
  Esa plantita engreída, que no pintaba nada en su organizada huerta y que desde que era la Diosa del huerto, tantas y tantas ganas tenia de arrancar.
  Nuestra amiga la plantita temblaba de arriba abajo y sintió otra vez miedo, pues nada podía hacer ante las temibles manos de aquella persona.
-      ¡Anda, la dichosita planta lo bonita que esta! “Dijo la Diosa”, si nadie daba un euro por ella y hay que ver lo hermosa que se está poniendo y la de frutos que tiene, esperaremos lo que haga falta y se los iremos arrancando uno a uno, seguro que están deliciosos.
  La planta no entendía lo que decía la Diosa, pero algo extraño le recorrió de arriba abajo, (No sé qué había entendido de sus hijos), pero no le hacía nada de gracia.
   A partir de ese día la pimientera crecía y crecía y ya no lo hacía con tantas ganas, pues sus brazos les dolían de tanto peso y su tallo había engordado hasta el punto de no poderse mover con la brisa de la mañana. Sus hijos empezaron a colgar y cada vez que salían eran arrancados muy de mañana de sus brazos, dejándola sola mirando al Sol.
  Pero hubo uno muy listo a la par que tímido que pudo esconderse, no sabemos de cual manera entre la multitud de hojas frondosas de sus ramas, ocultándose de la mirada maligna de aquel Dios, creciendo y haciéndose cada vez más fuerte.
  La época de la recolección estaba llegando a su fin y la Diosa engreída se paseaba una y otra vez delante de ella esperando más frutos, (- “Dame más, dame más “ ), insistía una y otra vez sin dejarla un momento en paz.

-      ¡Habrá que arrancarla! (Dijo una buena mañana).
Esta planta del demonio no da ya más frutos y para nos sirve, solo para llevarse el alimento de la tierra y para estar siempre en medio, desde el mismo día en que nació no hace nada más que estorbar y hace más fea la huerta.
-      ¡Pero cariñin, si no tenemos casi nada ya y la plantita hace lo que puede.
-      ¡Me estorba y ya está!, o la arrancas tu o lo hago yo.
  La pobre planta lloraba desconsoladamente, sabía que algún día llegaría su final, pero para nada que fuera de esa manera tan despiadada (todavía recordaba los gritos de agonía de sus hermanas), y estaba preparada para lo peor, convencida que todo sería mejor que aguantar a aquella persona una y otra vez exigiéndola más.

                                                      Capítulo 3.

-      ¡No te preocupes madre!, (le dijo por fin su pequeño pimiento, que durante tanto tiempo había conseguido esconderse entre sus ramas.)
-      ¡Calla que te escucharan!
-      ¡Madre!, suéltame.
-      ¿Cómo que te suelte?
-      Sí que me sueltes, que me dejes caer y así mis semillas se esparcirán por el suelo una vez haya muerto. Así nunca se libraran de nosotros y para el próximo año podrás volver a vivir en mí.
  La tristeza se apoderó de su corazón y tan triste se puso que sus ramas se encogieron y las hojas una a una se fue cayendo al suelo, dejando a su hijo caer.
   A la mañana siguiente vino muy altanero el Dios agricultor para cumplir con el mandato de su queridísima esposa, cuando deslumbrado por las primeras luces del día, no daba crédito a sus ojos. Ahí tendida estaba la planta de pimientos, aquella que tantos frutos le habían dado, la cual nació y creció en el sitio equivocado.
  Sus manos se llenaron de un vacío intenso, blancas como la madrugada y amarilla como la luna de Enero.
  Mientras las últimas de sus hojas caían al suelo, el espíritu de la plantita por fin sonreía, ya no volvería a tener miedo de aquel Dios malo y dejando escondido el milagro para el  próximo año despareció de aquel lugar no deseado.
   Nuestro pimiento se camufló entre las hojas caídas de su madre y luego se escondió.
  Allí pudo sentir entre su piel la humedad de la tierra y descubrió con sus propios ojos la luz del Sol, se sentía libre aunque sin poderse mover.
  Se enamoró de la vida, de la poca vida que tenía bajos sus pies, conoció a cada gorrión, a cada vencejo y en aquel mundo inmóvil se creyó capaz de hacer cualquier cosa, solo le hacía falta un pequeño empujoncito para poder crecer.
  El Otoño llego y nuestro agricultor arrastro aquel pimiento junto al resto de su madre a la zona del compost, donde el pimiento descubrió a mas seres como él, que artos de tanto Dios y de injusticias se pudrían en la soledad.
  Hablo con los escarabajos, con las pelotillas, con otros restos orgánicos que aunque estaban en las últimas, tenían multitud de historias que contar, todos tenían un motivo en común, vengarse de aquel Dios tan injusto que tan mal les había tratado y abandonado de aquella manera.
  Escucho como cada trozo de vida tenía una queja, un dolor interno  por el que odiar a ese ser, se volvió la almohada donde descansar cada uno de aquellos últimos sueños y gracias a esa podredumbre se hizo grande.
  Tan grande,  que sus pepitas se volvieron inmensas, como los sueños de aquellos que se llaman inservibles, desperdicios dejados para pudrir, multitud de ideas le llenaron el cerebro y arrastro a todos a revelarse  contra el orden establecido, esa mierda le iba a dar en las mismas narices a ese Dios.
   Paso el crudo invierno y por fin el agricultor recogió su compost, lo esparció por toda su huerta para fertilizarla y que le diera el mismo resultado que el anterior año y si puede ser más pues mejor , era tanto el egoísmo que le recorrían la sangre, que nada era suficiente,
Pero algo diferente iba a ocurrir durante esta cosecha, no quiso darse cuenta de que a cada paso que daba, las últimas semillas de aquel pimiento se iban también extendiendo por toda la Tierra, junto a él todas las ideas de que esto puede ir mejor y que la lucha desde la misma podredumbre puede ser real. Pues sabido es que la fuerza de la venganza guarda en su interior semillas indestructibles.
   Las semillas del pimiento fueron una a una naciendo y aunque al principio lo hicieron de manera disimulada, al final era tan descarado y era tanta la simiente nueva, y tan fuerte el orgullo con el que nacían, que se adueñaron de toda la Tierra, gritando Libertad a su paso, consiguiendo por fin echar a ese Dios de pacotilla y a su queridísima Diosa vanidosa, de esta Tierra que no les pertenece.

  José Pedro Porras Cano.



[Img #38901]

26 marzo, 2015

El BURRITO GABRIELITO






El burrito Gabrielito

El burrito Gabrielito está muy contento
Inquieto mueve las orejas y también el rabito
El burrito Gabrielito corre que se las pela
Para subir a la fuente y ver si ella llega

El Burrito Gabrielito, rebuznea y patalea
Se limpia  con cuidado su melena
Para estar bien guapo cuando venga Isabela
Impaciente y Nervioso que hasta  se tambalea

Espera.
Se Sienta.
Espera.
Uno, Dos, Tres, Cincuenta.
Perdió hasta la cuenta.

Seguro que está haciendo las camas
O quizás ayudando a su abuela
Empieza a estar triste el Burrito
Grita fuerte: ¡Isabela!

Se hace tarde y su burrita no llega
¡Jo!
El corazón se llenó de tristeza.
¡Isabela, Isabela!

Le entra sed y bebe agua
Se entretiene en la fuente clara
A ver pasar los peces
Mientras sin querer una lagrima aparece.


-      ¡¡¡Achus, achus!!!
-      ¡¡¡ requeté chus!!!
Un pececillo salto
Gabrielito se asustó.


Remueve sus grandes orejas
Atusa un poco el hocico
Y justo cuendo se va a enfadar
Ve a su Isabela y da un brinco

Corre ladera abajo.
Corre que se las pela.
Se le olvidaron los nervios
y el tiempo de espera.

Hocico contra hocico
El corazón con su Isabela
Nunca vi unos borriquillos
Ir enamorados a la escuela.

Dos por dos son cuatro
Y más dos que se lleva
Suman seis y baja la oreja
Para poderse ver mejor
Gabrielito  a Isabela.

José Pedro Porras.







29 enero, 2015

GLOBOS



Globos

Lucia extendía como cada día los brazos por su ventana, mientras las finas gotas de lluvia atravesaban su mano, llevándola a lugares húmedos, su querida Escocia.
Ahora sola en Madrid veía las tardes de Otoño monótonamente pasar.
Ilusiones perdidas detrás de un montón de kilómetros, mientras inflaba una y otra vez sus pulmones, para rellenar con su energía sus globos, esos globos que cada tarde vendía (o intentaba vender en el Retiro).
Su piso más húmedo que su cuerpo y encima en la calle lloviendo, ahora como vendería sus globos. Pero aun así llena de recuerdos empezó a inflarlos, tanto infló que sus ojos se llenaron de verde, rojo y morado.
Cerró por un momento su conciencia y abrió tímidamente la ventana a ver lo que pasaba.
Los globos queriendo agarrar la libertad del cielo, empujaban a Lucía hacia la calle.

- ¡Quietos que todavía no os toca salir!

Pero eran tantas las ganas de libertad que un globo gordo, tan gordo como ella, violeta como las moritas de Septiembre, le empujó fuera, le arrastró hacia un Mundo lleno de risas de cuentos y de bombones rellenos de licor.
Le agarró tan fuerte, que Lucia aunque nunca había volado, cerró fuertemente los ojos y se dejó llevar, se dejó amar por ese globo tan gordito que tanto se reía de todo.
¿Feliz? No lo sé.
Aunque ese viaje hacia las estrellas, duró lo que dura el plástico que recubre el aire de sus pulmones y un buen día el globo violeta se desinfló y la dejó caer.
Lucía extendía sus redondos brazos, como queriendo coger un momento más aquella felicidad, pero caía, en una caída sin redes y sin más protección que sus sueños, sus ideas y unas ganas increíbles de volver a su país.
Por fin las nubes pasaron y podía salir a vender sus globos, tan llenos de ilusión, como de ganas de venderlos.
Sentada en su diminuta silla, gritando a pleno pulmón:

- ¡globos, globos de colores, globos llenos de amores y corazones!

Pero la tarde pasaba y después de tanta lluvia, poca era la gente que se atrevía a pasear por el Retiro.
Se aburría soberanamente y no veas como le dolía el culo.
Empezó a inflar más globos, para ver si le pasaba lo mismo que la peli de Up, donde ese señor mayor consiguió hacer volar su casa.
El viento, conocedor de sus ilusiones se hizo presente y cuando menos lo esperaba Lucía, salió volando con todos sus globos bien sujetos a su diminuta silla.
Lucía sonreía.
Ya no tenía miedo a volar, pues ya recordaba lo feliz que había sido con su globo violeta.
Pero esta vez era diferente, tenía bien amarrados  todos los globos a su destino y no se bajaría de ellos.
Río y se dejó llevar por ese viento danzarín que jugaba con su pelo, con sus sueños y con sus desnudos pechos.
Jugó y se enjuago su vida de ese enredado viento.
Subió a lo más alto y divisó a lo lejos su país, esa pequeña tierra Escocia, se divisaba a lo lejos.
Agarró con fuerza a su viento y se dejó hacer.
Cerró los ojos y recibió un beso.
Los abrió de nuevo y una cara tan redonda como la suya, le miraba.
Se reía y esa sonrisa la llevó a recordar.
Y con el recuerdo le entraron unas inmensas ganas de llorar.
Pero la cara tan redonda como la suya le habló y unas manos tan grandes como las suyas le abrazaron.

- ¡Madre!
- Tranquila mi niña que todo pasó.

El viento, volvió a acariciar su enredado pelo y en el oído dejó prendida una palabra.

- Te quiero.
- Gracias.

Lucía por fin puso los pies en la Tierra y dejó a todos sus globos en libertad.
Cientos de globos surcaron el cielo en busca de alguien que quiera volver a inflarlos y puede con ellos soñar un rato.

José Pedro Porras.

Este cuento es una transformación dentro del mismo, se puede leer de muchas maneras y siempre será la adecuada.
Es una historia de amor, de frustración de Lucía ante la vida y de las ganas de volver a su país.
Se descubren a primera vista dos amores, uno el globo violeta y otro el viento, el cual logra llevarla a su casa, pero si nos fijamos también hay más amores en su vida.
Le puedo dar mil vueltas al pequeño cuento y siempre me gustará más, espero que con esta aclaración sea más fácil su comprensión.

Un abrazo.

09 enero, 2015

JUANITO EL GRILLITO


Juanito el grillo.

Juanito el grillito mira la Luna
Saca su violonchelo y una noche tras otra un concierto le toca.
Juanito el grillito se siente un poeta chiquitito.
Pero eso sí, un poeta enamoradito.

Mira las estrellas.
-      ¡Ay va!, que cosas más bellas.
Da la vuelta a la Luna,
dejándola tan solo un momento.
-      ¡ Hola!, le grita a las estrellas.
Mientras la Luna triste se oculta por la vereda
-      ¡ Adios grillito Juanito!.
                              Solo dejaste a mi pobre corazoncito.

Mientras Juanito se queda prendido
Mirando aquellas luces tan brillantes.
Tan diferentes, tan inmensas.
Frente a ellas, tirita.
Se siente aún más pequeñito

Quiere impresionarlas, quiere despertarlas
Y en medio de una calurosa noche estrellada
Toca sus canciones más bellas.
Llenando sus ojos de lágrimas estrelladas.

 Les giña los ojos y él se vuelve a enamorar
Cautivado de esas niñas que lucen tanto.
Envuelto en una noche clara, canta y también baila.
Tan bella es su melodía que hasta el mismo Sol se olvidó de salir.
¿De verdad algún día salió?

Encaramado en su ramita y con su viejo Violonchelo
Permanece una noche tras otra.
Prendido de sus estrellitas,
Envuelto en frágiles destellos nocturnos.
Se olvidó de su Luna y del amor que le cautivó.
La Luna menguante hace tiempo que le dejo,
 Pero a él no le importa.
De las estrellas ya se enamoró.

Una buena noche vinieron las nubes y después el frio
 El grillito Juanito, se quedó solito.
Pues en el cielo ninguna vio.

Bajo su cabeza, lloró y descansó.
¿Soñaría ahora con sus estrellitas?
Quieto, tiritando, siente la pena por dentro.
Pena llena de Poeta.
Más la ilusión de poder tenerlas nunca se perdió
Y en estos momentos tan duros,
Estira sus pequeñas patitas y el cielo se convirtió en música

Del cual él era el intérprete, el mago, el espíritu
Acarició sus notas.
 Preciadas melodías que le dictaba el viento.
Supo de estrellas fugaces, de estrellas calientes y de estrellas frías.
Juanito el grillito, nunca más se quedará solito.
Se dejó envolver por aquella noche perpetua
Y tanto descansó que se olvidó de despertar.
Juanito el Grillito.

José Pedro Porras.






27 noviembre, 2014

PREPARANDONOS PARA LA NAVIDAD

  Se acercan las Navidades y ya están los Reyes a la vuelta de la esquina con sus regalos y la ilusión de un montón de niños que creen en ellos.
  ¿Porque no?
  Es que acaso nosotros no tuvimos alguna vez la ilusión en los Reyes Magos, pues no dejemos que eso se pierda, yo intento cada año, sentir las navidades y aunque ahora sea más difícil todavía, ahí tenéis a Héctor viendo una y otra vez el catálogo de los juguetes y esta tarde se ha sentado con su hermana a señalar los que más les gustan para que entre los dos hagan la Carta a sus Majestades los Reyes Magos.
  ¿Porque no?
  Anoche cayó en mis manos un cuento pequeño que hice a mi hermana Marian, espero que os guste.

                                 28 Noviembre 2014

  Ya llevaba Leo varias noches con fiebre aunque siempre decían lo mismo “Denle usted el Dalsy y seguro que pasara, será el nuevo virus que ya tienen muchos niños del pueblo.
  Pero aquella noche el termómetro marcaba 39 y ya iba camino de los 40; el niño estaba tiritando y Alex ya no sabía qué hacer.
-      Justo hoy que es la noche de Reyes.
-      Corre Alex, corre que el niño está muy malito.
 Marcos estaba dormidito pues le habían dicho que no se despertara que aquella sería una noche muy especial y que si se despertaba no vendrían los Reyes Magos.
  Lo cogieron como pudieron y lo metieron en el carro junto a su hermano, dentro del coche marcaba el termómetro la friolera de -5 grados y afuera estaba cayendo una helada del copón.
  Leo no hacía nada más que tiritar y Marian lo acurrucaba y le daba todo el cariño que podía pero con eso no valía, tenían que ir al Médico de Guardia.
  Alex iba como una moto; todo nervioso, aquello era lo que le faltaba para rematar la noche más importante del año.
En urgencias del pueblo no sabían lo que hacer con él y lo mandaron para Madrid en una ambulancia.
-      No te preocupes Marian, que todo va a salir bien.
  En la ambulancia solo podía ir uno de los dos padres, así que Alex decidió seguirles con Marcos.
-      ¿Papa, que pasa?, “dijo Marcos entre sueños “, y los Reyes ¿Vendrán esta noche?, y no estaremos en casa.
-      Duérmete cariño, duérmete.
  Alex durante todo el largo viaje, solo podía pensar en dos cosas: primero en su niño Leo y luego en los Reyes Magos, con toda la ilusión que había puesto.

  El Hospital como siempre, hasta arriba de gente, pero cuando quiso llegar Alex, ya estaba su mujer con una sonrisa de oreja a oreja, y con su niño Leo dormidito como un ángel entre sus brazos.
-      ¡Ala, ya está!, ya podemos irnos a casa.
-      ¡Pero si estaba tan malito!
-      Magia, ilusión; que se yo. Recuerda que hoy es una noche muy especial.
Llego la ambulancia, tenían un hueco para él, a mí me tuvieron afuera y cuando me llamaron, la enfermera estaba allí, sonriendo. Y leo con esa sonrisita de ángel, totalmente dormidito.
Me dijeron que era un virus y que como ya habían entrado más niños así, ya sabían el antibiótico adecuado, pero sabes una cosa, yo vi un no sé qué en la mirada de esa enfermera, llámalo ilusión, vida, que se yo, pero al mirarla a los ojos me relaje y después ya ves, el niño se recuperó, ¡Pero bueno, nos vamos!, ¿O qué?
-      Si mi amor, vámonos (dándole un beso de enamorado).

  Ya estaban llegando a casa y el reloj marcaba cerca de las 6 de la mañana.
-      “¿Y ahora qué?, ¿Cómo lo hacemos? “, Pensaba Alex para sus adentros.
  Marcos, al lado, con los ojos como platos y al lado él bebe dormidito.
  Alex sin querer, se le cayó una pequeña lágrima y Marian le cogía con cariño la mano.

-      ¡Papa, corre; que seguro que han venido los Reyes!
-      ¡Marcos, no se sí……!.
  Encendió la luz.
-      ¡Están, están los regalos debajo del árbol y mira Marian, han dejado hasta las huellas!
-      ¿Pero quién pudo ser?
-      ¡Papa, quien va a ser, sino los Reyes Magos!
  Y un largo abrazo entre padre e hijo cerró este cuento de Navidad.

  Espero que te guste Marian.

                         José Pedro Porras.

 



 

  

05 febrero, 2014

CUENTO REPELETE.


                                  EL TERRIBLE GATO.


                                                    CAPITULO 1.


  En una bonita y preciosa casa, vivía Sofía.
Sofía, era una niña muy dulce y buena, a la cual su papa quería mucho.
-      ¡ Papa ¡!
-      Si Sofía
-      ¡ Papaíto ¡!
-      Si, Sofiita.
-      ¿ A quién quiere mucho, su niña ?.
-      A su papaíto.
-      ¿ Y qué le ha traído hoy su papaíto ?
-      Una muñequita, que sabe hacer hasta las tablas de multiplicar, para que no se canse mi princesa
-      ¡ Qué asco !, que asco, que asco, que asquito.
-      ¿ Pero mi niña, si es una preciosidad ?.
-      ¡ Qué asco ¡!, que asco, que asco y que asquito.
-      Pero mi amor.
-      ¡ Qué no, papa ¡!, es que no te enteras, que no quiero más muñecas.
-      ¿ Y entonces que quiere mi princesa ?.
-      Un perro.
-      Pero si sabes que a papaíto, le da alergia el perro.
-      Un perro, grande, muy grande.
-      Cariño, no prefieres otra cosa.
-       ¡ Noooo, jolines, que no !, siempre con la misma historia. ( la niña se pone a llorar de manera intensa )
-      Sofía, cariño, no te pongas asi
-      ( Venga a llorar, como una magdalena ),  Un perro Grande.
-      Sofía, porfa, que me vas a hacer entristecer
-      Un perro, un perro, un perro y grande.
  Lógicamente al final la estupenda niña consiguió su objetivo y su queridísimo papa salió de casa derechito al
a.    ( bar de la esquina a apagar sus ganas de estrangular a la niña ),
b.    ( a la tienda de animales a comprar el perro más grande que hubiera )
c.    ( a llamar a su madre para que le diera su opinión )
d.    ( a contárselo a su contacto Nacho, si podía traerle del mercado negro algún perro gigante, digno de su queridísima hija Sofía ).
  D, la respuesta acertada fue la D, pues no se podía esperar otra cosa de lo mucho que quería a su hijita Sofía.
-      ¿ Un perro, tu estás loco ?.
-      Y de los grandes.
-      Sigues estando más loco si cabe, loco al cuadrado.
-      Muy grande.
-      Si tu eres súper alérgico.
-      Pero mi niña se merece lo que su papaíto le pueda dar.
-      Tono del culo, eso es lo que estas.
-      Recuerda Nacho, necesito un perro Grande y de los más Grandes que haya en el mercado. No me sirve cualquier cosa.
-      Capichi, jefe, capichi, su señoría tendrá el perro mas Grande del mercado, eso es cosa hecha.
-      Gracias Nacho, tu estas en todo, ya sabes que luego te doy la propina.
-      Claro jefe, el gran generoso y grandioso jefe del alma
-      Menos peloteo.

  Pasaron los días y justito cuando estaba bañando a su Princesa, llaman al teléfono.
-      Jefe, ya tengo al perro.
-      Ya era hora, la niña no hace más que preguntar por el
-      ¿ Y de que raza es ?.
-      Vitage.
-      ¿ Y eso de Vitage, que es lo que es ?.
-      Es una especie de león de las Antípodas que está en peligro de extinción.
-      ¿ Un león, para mi princesa Sofía ?, tú te has vuelto loco.
-      Loco, no se pero es una monada de animalito, si usted lo viera.
-      Tráelo a ver si a mi niña le gusta.
-      En dos horas estoy allí.
  Después de hablar con Sofía y dedicarle todo el tiempo del mundo en cuidar a su criaturita, y aleccionarla de cómo cuidar a un Vitage, la niña saltaba de locura y hasta nerviosito tenía al padre.

-      ¡ Por fin, papa, por fin esta aquí !
-      ¿ Dónde está mi querubín ?, ¿ Donde está la dulzura de la casa ?.
-      Aquí Nacho, aquí, en la cama , jugando con mis cositas.
-      Corre, ven a mis brazos, que veras que cosita te he traído
-      Guau, Quiero decir Grrrr.
-      No querías el perro mas Grande del Mundo mundial, pues en vez de un perro, aquí te he traído este Leoncito, que seguro será el encanto de la casa.
-      ¡ Te quiero, papaíto !, y mucho. ( dando grititos y saltitos de alegría )
-      Claro princesa, ya lo sabia
-      Y a ti también Nacho, ( con un fuerte abrazo ).

                                          CAPITULO 2.

    Los días pasaban y el Vitage cada dia crecía un poco más, tanto como la ilusión de la niña, la cual compartía todo el cariño con el felino, aunque ella misma se daba cuenta de que el amor que por el sentía se podia hacer trizas, pues el león al crecer necesitaba libertad y poco podia hacer una simple niña con la fuerza del Vitage.
-      Princesita, ya casi no puedes con el León.
-      Ya lo veo papaíto, es que se está haciendo tan mayor.
-      ¿ A quién quieres mas, a tu papaíto, o al Minino ?.
-      Hoy por hoy no sabría decirte.
-      ¿ Como que no ? ( empezándola a hacer cosquillas )
-      A Ti papito, solo a ti.
-      ¿ Sabes que puedo tener una solución a nuestro león ?
-      A mi león, dirás.
-      Bueno, bueno, chismosa, a  tu león.
-       ¿ Tu dirás ?.
-      Hacerle una jaula.
-      ¿ Como ?, ( la niña se quedó más blanca que la leche merengada, y salió dando un terrible portazo )
  Siguieron pasando los días y el animalito crecía y crecía. Por fin Sofía entró en razón y le pidió una jaula a su papaíto.
  Nacho se presentó el día siguiente con una jaula reluciente que pusieron en medio del jardín junto a los nenúfares y allí se metió el pobre Vitage, mientras la pobre Sofía lloraba y lloraba.
-      ¿ Sabes que es lo mejor para ti y para el ?
-      Ahí, encerrado. ¿ Tú crees que es lo mejor ?
-      ¿ Pues no será mejor devolverlo a la selva ?, de donde nunca debió salir.
-      Entonces te quedarías sin él, ¿ y eso no lo quieres, Verdad ?.
-      Claro que no papaíto.
  Ahí se quedo el pobre león, mientras Sofía crecía y cada dia iba a darle su ración de carne al pobre felino que tristemente devoraba detrás de los barrotes.
 Dia tras dia, Sofía iba y le contaba sus cosas y el león le escuchaba como siempre, con sus orejas bien estiradas, prestando mucha atención.
-      Solo tú me entiendes, solo tú.  ¿ Sabes una cosa ?, mañana es tu cumpleaños y mi papa te tiene preparada una gran sorpresa, ( mientras el pobre león la miraba, con los ojos como platos ). Seguro que te gustará.
  Llego el día de su cumple y el papaíto le había comprado un exquisito pastel de carne elaborada por el más prestigioso chef de toda la región.
-      Dan ganas hasta de comérselo papa, muchísimas gracias.
-      Claro mi amor, ( achus ), pero esta alergia nunca se me va.
-      Tu tranquilo papaíto, y tomate las pastillas.
-      Claro cariño, dáselo tu por favor.
-      Gracias, papa, eres todo un encanto.
  Ahí iba Sofía todo contenta con su pastel en la mano, derechita a la jaula de su compañero, cuando tuvo una gran idea.
-      ¿ Sabes una cosa ?, te lo voy a dar yo misma, como cuando eras pequeño, seguro que así te gustara mas.
  Abrió la puerta de la jaula y  ¡ zas !, el león de un bocado se la comió, no dejando de la pobre Sofía nada más que los huesos y su vestidito de color de rosa que dejo colgado de los barrotes de su celda.
-      Un bocado delicioso, por una vez esta niña tuvo razón, ha sido el mejor de mis cumpleaños.
Moraleja: Por mucho que tengas adiestrado al león, nunca le des la espalda, pues el animal es eso un animal y nada más, y en cualquier momento te puede devorar.
PD:  Que fácil es cogerle asquito a niñas tan cursis y repelentes como esta, menos mal que se la comió el león que si no me la como yo.

                      JOSE PEDRO PORRAS